jueves, 21 de octubre de 2010


Recipientes de la "ORDEN
MANIFIESTO DE MONTECRISTI"

Orden creada el día 22 del mes de Mayo del año 1985.
(Recipientes hasta el Año 1999)
















Excursión al Santuario de El Cobre

Al fin, después de vencer difíciles obstáculos, la Logia “Montecristi” realizó la ambicionada excursión al Santuario de El Cobre.
            El viernes día 30 del mes de Abril a las 2:00 p.m., se partió de “Montecristi”, donde se celebró un pequeño acto y el Padre Joaquín, sacerdote de la Iglesia Católica de Los Palacios, bendijo la excursión y nos deseó un feliz viaje. Para este largo periplo se preparó un excelente avituallamiento en alimentos ligeros. También participaban de la excursión cuatro hermanos médicos y una enfermera, quienes llevaban medicamentos para primeros auxilios.

Santuario de El Cobre
            Buscando asegurar el éxito y la comodidad de esta excursión el VH:. Jesús Marcos García, Maestro de “Montecristi”, buscó el apoyo de los hermanos de la Resp. Logia “San Juan de Wilson”, de El Cobre y de las logias santiagueras, mediante contactos personales con sus representantes en la Alta Cámara, cartas escritas y llamadas telefónicas. Todo el recorrido del viaje fue ameno y divertido. La juventud de “Montecristi” hizo gala de su entusiasmo y desprendimiento fraternal, afectos que es muy común entre ellos cuando están compartiendo en una actividad de su logia.
            Para reducir la distancia se buscó entrar a El Cobre por la zona de Contramaestre, aunque algo montañosa. Alrededor de las siete de la mañana, sábado día 1 del mes de  Mayo, desde las alturas por la cual viajábamos se divisó en la distancia el enorme bello templo-santuario donde se encuentra la Patrona de Cuba. A la vista de esta instalación religiosa que encierra tanta solemnidad y devoción, las mujeres a bordo del ómnibus comenzaron a cantar “Virgen Mambisa”.


Cementerio Santa Efigenia

            Próximo a las ocho de la mañana se hizo entrada a la enorme y vetusta hospedería del Santuario, donde nos hicieron entrega de las habitaciones que con anterioridad reservaron los hermanos de la Resp. Logia “San Juan de Wilson”. Cuando nos encontrábamos en los trajines del hospedaje llegaron el Maestro, el Secretario y otros hermanos de El Cobre, así como el VH:. José Ramón Gutiérrez Martí, designado por la masonería santiaguera para que nos atendiese. A partir de este momento el VH:. Martí no se separó de los hermanos de “Montecristi” hasta la partida. La mañana transcurrió en hospedaje, baños, descanso y después el almuerzo en el confortable y espacioso comedor de la hospedería. Recibimos la visita del Monseñor Dante Santrelle, obispo italiano encargado del Santuario.
            Después de almorzar partimos para Santiago de Cuba y alrededor de las 3:00 p.m., llegamos al Cementerio de Santa Efigenia. En la plazoleta, frente a la entrada del histórico camposanto, nos estaba esperando una nutrida comisión en representación de las logias santiagueras, quienes se hacían acompañar de hermanas acacias. Estos hermanos eran portadores de una ofrenda floral de la Logia “Montecristi”, dedicada al VH:. José Martí. El Maestro de “Montecristi” agradeció tantos gestos de fraternidad y elogió el desprendimiento de los hermanos orientales.
            Formando una larga fila, ceremoniosa y disciplinadamente, se penetró en el mausoleo erigido al Apóstol y se depositó la ofrenda floral frente a la urna funeraria donde descansan sus sagrados restos.
            También se visitaron las tumbas del VH:. Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria, IH:. José Andrés Puentes Badell, Gran Maestro asesinado por los españoles el día 15 del mes de Febrero del año 1870, Emilio Bacardí y otros insignes cubanos.
            Abandonamos el Cementerio Santa Efigenia impresionados por las bellezas esculturales existentes en ese lugar. A partir de ese momento se nos unió el VH:. Miguel Moncada de la Logia “Oriente”, e historiador de la ciudad, quien nos llevó a lugares de interés histórico. Visitamos la casa donde nació el VH:. Antonio Maceo, el Balcón de Velázquez, el lugar donde se fundó la Gran Logia de Colón en el año 1859, el Parque Céspedes, la Catedral y otros lugares. Después de las 8.00 p.m., regresamos a El Cobre.
            A las siete de la mañana del siguiente día, domingo día 2 del mes de Mayo, presenciamos misa en el Santuario. Terminada la misa observamos un salón totalmente abarrotado de objetos traídos por los devotos a la Patrona de Cuba. A las diez de la mañana tenida masónica en la Resp. Logia “San Juan de Wilson”, muchos hermanos vinieron de zonas distantes e intrincadas para testimonearles su amor fraternal a los hermanos palaceños. Intercambio de oratoria saturada de fe y compromiso en los ideales de la masonería, finalmente un derrame económico de los hermanos de “Montecristi”, como ayuda a la reconstrucción del templo de esta virtuosa logia.
            Terminada la sesión, acompañados de nuestros familiares, disfrutamos en el patio de la logia de un rico almuerzo (macho asado, congrí, ensalada y postre) que nos prepararon los hermanos anfitriones.
            Al concluir el almuerzo, nuevamente para el templo de la logia. En ese lugar y con la presencia de todos, la Sra. Eva  Docungé  Alfonso habló en representación de las esposas y demás familiares, agradeciendo en sus sentidas y emocionadas palabras todo el calor fraternal y espiritualidad cristiana puestas de manifiesto por los hermanos masones de esta región oriental.
            Finalmente les rogó que nos visitaran en Los Palacios para poderles reciprocar fraternalmente tan hermosos gestos. Despedida de los hermanos de “San Juan de Wilson” con fuertes  abrazos y emprendimos rumbo a Santiago de Cuba. Llegamos a la Resp., Centenaria y Meritísima Logia “Prudencia No.2”, a las 3:00 p.m. Extraordinario recibimiento en ese histórico taller, por doquier letreros dándonos la bienvenida.
            El vestíbulo de “Prudencia No.2” es inmenso y bellamente adornado. Muchas esposas de hermanos masones e Hijas de la Acacia se encontraban presentes, dentro de ellas se distinguía la Señora Leonor, esposa del VH:. David García Sánchez, Asesor Provincial del Gran Maestro y Ex Gran Primer Vigilante. Mujer simpática y agradable que nos  colmó de atenciones.
            Abrazos y saludos con conocidas figuras de nuestra gloriosa y fraternal masonería cubana. Inmediatamente una orquesta  comenzó a interpretar gustados y pegajosos sones, que fueron disfrutados tanto por los hermanos santiagueros como los de “Montecristi”.
            La Logia “Prudencia No. 2”, se constituyó con los principales funcionarios de las seis logias que trabajan en Santiago de Cuba y de otras zonas comarcanas, que se encontraban presentes.
Solemne entrada al colosal templo. Todos los integrantes de la excursión, 52 en total, ocuparon asiento en el espacioso oriente de la logia. Después de las fraternales palabras de bienvenida y de rendirles honores a la bandera, a través de un respetuoso ritual, se dio comienzo al programa artístico-cultural elaborado.
             El VH:. Dr. Mauro Hernández Díaz, Ex-Gran Orador de la Gran Logia, tuvo a su cargo el discurso central, el cual con su elocuencia y contenido patriótico y firmeza en los principios y postulados de la masonería, elogió y resaltó el estupendo y novedoso trabajo que realiza “Montecristi” en este campo en el occidente del país, que de todos es conocido.
            El VH:. Jesús Marcos García, Venerable Maestro, habló en representación de “Montecristi”. Después de hacer un breve panegírico histórico de la fundación en Santiago de la Gran Logia de Colón, primeros pasos masónicos en esa ciudad y el vil asesinato del IH:. Gran Maestro Puentes Badell, manifestó que así como el mundo cristiano dice “todo comenzó en Galilea”, nosotros los masones cubanos estamos obligados a decir “todo comenzó en Santiago de Cuba”.
            Que siempre debemos tener presente en nuestros corazones el digno ejemplo de aquellos varones ilustres, luchando para que la masonería mantenga el acrisolado prestigio que tantas generaciones de masones dignos nos han regalado, defendiendo a toda costa sus elementales principios y razón de ser. No mostrándonos indolentes ante cualquier cabildeo coqueto.
            Que observemos a los árboles en otoño e invierno y los veremos desnudos, sin hojas. Que no son los vientos otoñales quienes a los árboles arrebatan su hojas, sino ellos, los árboles mismos quienes ceden su hojas a los vientos. Los árboles desdeñan la estéril pompa del follaje muerto y con vigor aguardan desnudos los rigores del invierno: saben que vendrá la primavera y los vestirá de nuevo.
            Sean estos árboles para nosotros ejemplos, como ellos renunciemos a lo viejo y a las ideas muertas, no seamos cadáveres de ideas; antes que eso desnudos resistamos los rigores del invierno, que un día volverá la primavera y a nosotros también nos vestirá de nuevo. Después del discurso del VH:. Jesús Marcos, la Señora Eva Docungé Alfonso habló en nombre de las mujeres y nos regaló una bella intervención identificada con el amor y los principios cristianos.
            En la parte cultural un poeta santiaguero declamó dos hermosas poesías dedicadas a la Madre y a la Mujer. Actuación de una cantante lírica acompañada de un guitarrista y nuevamente la orquesta se hizo sentir con su pegajosa música. Esta vez en el oriente de la logia, interpretando la conocida canción “Si vas a El Cobre....”
            Las mujeres de la excursión reciben de las mujeres santiagueras un delicado ramo de flores y tarjetas de recordatorio. El Orador de la Logia “Prudencia No. 2” nos despide y nos desea un feliz retorno, agradeciendo nuestra estancia en sus valles.
            Finalmente se nos ofreció un variado y exquisito brindis. Con tristeza en nuestros corazones nos despedimos y jamás se borrará de las mentes de los que participaron en tan memorable excursión, los ratos tan agradables que nos proporcionaron los hermanos orientales.
            Rogando al Gran Arquitecto del Universo porque ellos vengan a Los Palacios y poder testimonearles todo nuestro Amor Fraternal.

El Mal Hábito de la Difamación

Por Hno:. Jesús M. García Vázquez

            Siempre recordaré la grata impresión que dejaron en mí, Don Cayetano Guerrero y Felipe Soler. Hermanos de mi Logia “Montecristi”, que vivieron más de 90 años y sufrieron grandes adversidades de la vida. Sin embargo, llevaron una vida feliz y fueron merecedores del respeto y la consideración de todos en el pueblo. Eran de porte venerable, rostros apacibles que reflejaban la serenidad y la bondad del alma. Formas de hablar mesurada y respetuosa.
 
           
 En cierta ocasión les pregunté: ¿Cuál era el secreto de esa vejez tan dulce, mentes tan despejadas y esa serenidad espiritual?. Ambos concordaron en contestarme: “Nunca le prestamos demasiada atención a las adversidades de la vida y nos enfrentamos a ellas con fe y entusiasmo. No dimos cabida en nuestros corazones a resentimientos malévolos y jamás dejamos que la ira se apoderara fácilmente de nosotros”.
 
            También estuvieron de acuerdo en contestarme, y lo exponían como una virtud personal, “que tampoco practicaron la mala costumbre de censurar y difamar de los demás”. Ninguna costumbre de la naturaleza humana es tan vulgar y perversa, como la de juzgar y difamar de los demás. Todos hemos sido alguna vez culpables de esa crueldad y a veces muchos de nosotros hemos sido sus víctimas.
 
            “No levantarás falso testimonio contra tu prójimo”, dice el octavo de los Diez Mandamientos. Es, sin embargo, el que todos violamos con más frecuencia. Jesucristo, en su inmensa obra redentora de enseñarnos a vivir con armonía y perfecta convivencia social, nos legó: “No juzguéis para no ser juzgado”, no obstante, quebrantamos este útil y sabio consejo del Redentor continuamente.
 
            ¡Qué daños irreparables se han causado a personas inocentes por la atolondrada complacencia en este vicio!.
 
            En una oportunidad el Rey Salomón le impuso como castigo a un rico mercader que había difamado de una hermosa judía, por el sólo hecho de rechazar ésta sus propuestas amorosas, el de subir a lo alto de una montaña y en ese lugar aventar al viento las plumas contenidas en dos bolsas, y cumplido este cometido se presentase ante él. A los pocos días, después de cumplir con lo ordenado, el difamador se presentó ante Salomón y le expuso que había cumplido con el castigo impuesto.
 
            El Rey Salomón le dijo al calumniador: “Ahora ve a recoger las plumas”. “Pero eso es imposible mi Rey, contestó el mercader”.  Ha soplado mucho viento y las plumas están esparcidas y sería imposible recogerlas”. “Así es”, contestó Salomón, y así ocurre con las palabras calumniadoras que dijiste contra esa mujer, son como esas plumas que desparramadas por el viento son imposibles recoger”.
 
            El mal hábito de censurar a los demás es una medida defensiva tan arraigada en nuestra naturaleza humana que, según dicen los psicólogos, para descubrir los puntos débiles y las faltas de un hombre basta observar las faltas que este ve en los demás.
 
            La falta de compasión que cometemos en censurar al prójimo nace del desconocimiento que tenemos, en la mayoría de las veces, de las causas de aquellos actos que condenamos. Debíamos tener siempre presente el proverbio chino: “No te inquietes por ser mal comprendido, inquiétate más bien por no ser comprensivo”. En nuestras relaciones diarias con los demás, cometemos constantemente el pecado de empañar el prestigio y la reputación ajena por no haber averiguado profundamente y mirar compasivamente el conflicto que los agobia.
 
            La idea que preconcebimos irremediablemente proyecta su prejuicio sobre los hechos o personas en cuestión, y ya todo lo vemos bajo la influencia de nuestro pensamiento y no hay quien nos aparte de nuestra opinión. En nuestra vida diaria nos comportamos así, juzgamos las circunstancias y las personas según la escala de valores que llevamos dentro. Esos prejuicios ocultos nos causan enfrentamientos y malentendidos, sufrimos nosotros mismos y hacemos sufrir a los demás por las opiniones falsas que nos hemos formado y las actitudes inocentes que hemos interpretado mal.
 
            Una forma de cortar el paso a los juicios precipitados es el de preguntarnos: ¿No hubiera sido yo tan malo, o peor de haberme encontrado en las dificultades y tentaciones por las que él ha pasado?. El hábito de juzgar al prójimo tiende a descubrir en nosotros uno de los defectos peores que existe en el ser humano: “La vanagloria de nuestra actitud”. Creemos que somos buenos y mejores cuando descubrimos tanto mal en los demás. El reproche clásico de Jesucristo a los que se erigen en jueces fue: “Que el que esté limpio de culpa arroje la primera piedra”. El apóstol José Martí sentenció: “El que degrada a los demás, se degrada a sí mismo”, “Infamar a un hombre es infamar a Dios”, “El hierro no se ha calentado todavía a fuego bastante intenso para marcar la frente del primer infame”.
 
            El vicio en el mal hábito de difamar a los demás es como especie de un flagelo que atenta contra la moral y las buenas costumbres. A pesar de la inclinación de nuestra naturaleza humana hacia esta abominable costumbre, las crisis económicas sirven de alimento a este perverso vicio.
 
            En las crisis económicas se sufre de la pérdida de los valores humanos, y por consiguiente traen consigo la peor de las miserias, la miseria humana. Es una miseria totalmente distinta, pero no menos horrible. Es una miseria que corrompe el alma, el sentido del honor y de la dignidad. Las primeras en ser contagiadas y sufrir de esta especie de peste moral, son las mujeres que, en casi todas las naciones, son el baluarte más débil contra el vicio y la puerta abierta a todo mal.
 
            Compartimos la responsabilidad de los juicios equivocados cuando le prestamos oído. Recordemos, que por muy cierto que parezca ser la culpa de otro, pueden existir circunstancias atenuantes. Los indios Sioux observaban la costumbre de la buena murmuración, un valiente a punto de partir para visitar otras tribus, alzaba las manos al cielo y rezaba: “Gran espíritu, haz que nunca juzgue a otro sin haber caminado dos semanas con sus mocasines”.
 
            Enfoquemos al revés la costumbre de juzgar al prójimo y observemos sus virtudes en vez de sus faltas. Desarrollemos el hábito de ver lo bueno que existe en los demás y comentémoslo. Practiquemos la costumbre de la buena murmuración. Es asombroso cuando engrandece nuestras propias almas el hábito de descubrir lo bueno que poseen los demás.
 
            Miremos el rostro de un difamador, cuando está emitiendo un mal juicio sobre alguien y veremos lo descompuesto y avinagrado que lo tiene. Observemos la cara de una persona cuando está hablando bien de otra y notaremos cómo se le inunda el rostro de bondad. Dejemos al G:.A:.D:.U:., todo juicio sobre los pecados ajenos.
            Atribuirnos las funciones del Creador es pecar de presuntuosos e irreverentes. “La división de los hombres en justos y pecadores se hará el último día” -nos dijo en una ocasión el Padre José en la Parroquia de Los Palacios. Hasta entonces nos está prohibido hacer la clasificación.



Lazos Consanguíneos de Hermanos Miembros
de "Montecristi"

PADRE e HIJOS
Manuel Campos Solís y Manuel Campos García
Félix Pérez Ramírez y Félix A. Pérez Docungé
Eusebio M. Pérez Javech y Maikel Pérez Pérez
José R. Mayea Álvarez y Rodolfo Mayea Márquez
Pablo Cabrera Brito y Pedro E. Cabrera Rodríguez
Armando Ramos Rodríguez y Armando G. Ramos Pulido
Leoncio Valdés Hernández y Edel Valdés Ortega
Ángel González Martínez y Ángel  Luis González González
Cirilo Rivero Mujica y Riudy Rivero Figueroa

HERMANOS
Luis Ortega Crespo y Armando Ortega Crespo
Jesús Marcos García Vázquez y Oscar Fúster Vázquez
Rigoberto Valdés Trujillo y Armando Valdés Trujillo
Francisco González Hano y Juan Alberto González Hano
Vladimir Hernández Castro y Ervin Hernández Castro

SUEGRO Y YERNOS
Félix Pérez Ramírez y Armando C. Pérez Arrastía y Vladimir Hernández Castro
Manuel Barrera Pérez y Lázaro Cabrera Hernández
Guillermo R. Suárez Viera y José Antonio Cristo Valdés
Luis Rodríguez Henriquez y Juan Carlos Jiménez Rodríguez.

Mi Religión
(Autor desconocido)

Entré a la iglesia: espiral de humo
que despedía el oloroso incienso,
la mística expresión de las imágenes,
del sacerdote el reposado acento;
los imponentes cánticos sagrados
y de los fieles el ferviente rezo,
lograron despertar mi alma dormida
y conmover mi espíritu un momento.

Luego observé la cúpula gigante,
las naves majestuosas en el centro,
las altas columnatas, las volutas,
archivolutas, calados, arabescos;
los cincelados cálices de oro,
los altares de mármol y azulejos...
y ante aquel deslumbrante panorama,
dejé, callado y pensativo el templo.

Salí a la calle, multitud de seres
de miserable y repugnante aspecto,
la piedad de los fieles imploraban
con frases y quejidos lastimeros.
Al ver sus vestiduras haraposas,
ojos vitreos y rostros macilentos,
sentí frío en el alma y negras dudas
surgieron al instante en mi cerebro.
¡Cómo!, pensé, tanta miseria en torno
y tanto lujo, tal riqueza adentro...
¿Esta es la religión de Jesucristo,
aquel divino y sin igual maestro?

Abrí la historia, en sus brillantes páginas
quise a mis dudas encontrar remedio,
mi razón ilustrar, buscar ansioso
la religión, el culto verdadero.
Más, ¡ah! que al ver las numerosas guerras
producto de fanáticos empeños;
la expulsión de los Moros y Judíos,
la horrible abjuración de Galileo,
el suplicio de Bruno y las matanzas,
la vista con horror quité del libro
y ya no pude seguir leyendo.
¡No! no es así como hasta Dios se llega,
¡No! no es así como se gana el cielo.

¿Cómo se adora a Dios?, me preguntaba,
y hallaba la respuesta en el silencio.
Estudié, medité, pero una noche
al pórtico llegue de un nuevo templo,
erigido a la Gloria del Grandioso

Oriente de la Resp., Logia "Montecristi".

Artífice Creador del Universo.

Dos hermosas columnas se elevaban
por encima del mosaico pavimento,
y sobre las paredes encendidas
como rico dosel se alzaba el cielo
la luna hacia la izquierda iba surgiendo,
y entre las nubes de nácar se entreveía
de mil estrellas el fulgor misterio.
Tres estatuas de pie simbolizaban
la fuerza, la belleza y el talento
y en medio del salón, se alzaba humilde
un reducido Altar de pobre aspecto;
sobre el Altar un libro y sobre el libro
un Compás y una Escuadra sobrepuestos.

En nutridas hileras apilados
a un lado y otro multitud de obreros,
que hermanos se llamaban en el nombre
del supremo hacedor del universo.
Y lo que más impresionó mi alma
fue ver al blanco, al mongol y al negro
juntos allí sin distinción alguna,
sin más blasón que el de sus propios méritos.
¿A quién se adora aquí?, pregunté ansioso,
y una voz respondióme de allá dentro,
“Aquí se adora la virtud, El vicio
proscrito está de nuestro augusto templo”.

“Aquí se enseña al ignorante humilde
y al ambicioso se le humilla presto”.
“Aquí a los pobres se socorre al punto,
aquí a los tristes se les da consuelo
y espadas mil a defender se aprestan,
la Razón, la Justicia, el Derecho”.
“La religión aquí no es fuerte valla,
la política aquí no es duro freno.
Vamos a Dios con la Razón augusta
y hacia la Libertad con el ejemplo”.
Calló la voz. Un resplandor sublime
las sombras disipó de mi cerebro,
y dí Gracias a Dios, que al fin hallaba
La Religión: El Culto Verdadero.